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Fotos:
Jorge Zúñiga San Martín |
A pesar de las investigaciones
científicas que confirman el daño que provoca inhalar los gases
de las bombas lacrimógenas, Carabineros continúa usándolas cada
vez que hay una protesta en las calles. El daño que provoca el
gas a la salud, sobre todo a sectores en riesgo como niños y
mujeres embarazadas es enorme. Muchos de los componentes del gas
lacrimógeno han sido reemplazados en Estados Unidos e Israel,
países que las fabrican. Las bombas que usa Carabineros son
fabricadas sólo para Chile y en otros países están
prohibidas. Contienen sustancias
químicas altamente tóxicas e irritantes de las mucosas y se ha
descubierto que producen abortos. Su uso afecta no sólo a los
manifestantes sino también a transeúntes y residentes de zonas
aledañas, pues las corrientes de aire transportan los gases
tóxicos con sus efectos nocivos atenuados, pero que no
desaparecen.
El doctor Andrei Tchernitchin, profesor titular de la Facultad
de Medicina de la Universidad de Chile -además secretario del
Departamento de Seguridad Pública y Medioambiente del Regional
Santiago del Colegio Médico y director científico del Consejo de
Desarrollo Sustentable de Chile, una comisión asesora de la
Presidencia de la República-, en su calidad de experto en
toxicología ambiental señala:

“Hay antecedentes documentados de que los agentes químicos con
que se fabrican las bombas lacrimógenas son abortivos. Además de
producir graves daños a la salud, inciden negativamente en los
aparatos reproductivos masculino y femenino. Es un peligro que
se sigan utilizando contra la población. Mi interés comenzó hace
tiempo, durante la dictadura militar, cuando en los alrededores
de la Facultad de Medicina la policía lanzaba bombas
lacrimógenas. Los estudiantes llegaban muy afectados. Por eso
decidí hacer un estudio científico. Pedimos a los alumnos que
donaran sangre para estudiar algunos parámetros hormonales, como
el número de leucocitos eosinófilos y, curiosamente, esos
leucocitos estaban desgranulándose con mucha velocidad, lo cual
podía significar alteraciones de diverso tipo. Estas células
tienen que ver con la respuesta inmune de nuestro organismo, o
sea, con la regulación de los corticoides, que son las hormonas
de la respuesta inmune. Le pedí a un grupo de alumnas que no
participara en manifestaciones para no verse expuesta a los
gases, y así tener un control para comparar. Además, acopiamos
algunos envases de gases lacrimógenos que no explotaron, para
hacer experimentos con ratones de laboratorio… Curiosamente,
cuando se supo que estábamos haciendo este experimento, la
policía dejó de lanzar bombas lacrimógenas cerca de la Facultad
de Medicina”, dice.
Agentes químicos
Según el doctor Tchernitchin, en la investigación se observaron
importantes diferencias entre las muestras de sangre. “Las
células se desgranulaban rápidamente. Todas las acciones de
estas células están involucradas con la inmunidad, los procesos
alérgicos y de hipersensibilidad… y en las funciones
reproductivas masculina y femenina. Obviamente, todas estas
importantes funciones podrían verse afectadas”, dice. “Hay
probabilidad de que las sustancias químicas de las bombas
lacrimógenas afecten las funciones reproductivas, dañen al feto
en el último trimestre del embarazo, y a los niños en los
primeros años de vida, provocando efectos en la salud que pueden
resultar irreversibles. Es probable que los fabricantes de estos
químicos y tóxicos tengan estudios científicos, pero no dan a
conocer los detalles… No es mortal, ni provoca enfermedades
inmediatas, a menos que la persona inhale el gas bajo ciertas
condiciones, en un sitio cerrado, etc. Lamentablemente no se han
hecho investigaciones sobre las secuelas en quiénes están
expuestos o sufren la acción de estos químicos”, dice. Según el
doctor Tchernitchin las sustancias que estudiaron durante la
investigación en los años 80 no eran neurotóxicas, “pero en las
que existen actualmente no lo podemos asegurar, pues no hay
información pública”.
¿Qué autoridad sanitaria autoriza el uso de estos químicos y
basada en qué estudios? Nadie sabe nada. A ciencia cierta no se
sabe cuáles sustancias y en qué proporción se utilizan contra la
población.
En 2008 Carabineros declaró al periódico electrónico El
Mostrador que el disuasivo químico que utiliza irrita las zonas
húmedas del cuerpo, sería de fácil dispersión y corta duración,
y no produciría daños a la salud. Según Carabineros los químicos
están sometidos a la ley Nº 17.798, sobre control de armas y
explosivos. Reconocen que las partidas se adquieren en Estados
Unidos, aunque nunca se ha especificado a qué proveedores.
Señalan, además, que no serían necesarias las autorizaciones
sanitarias pues el listado de químicos no pasa por el Ministerio
de Salud sino que ingresa directamente al Ministerio de Defensa.
Tampoco el Instituto de Salud Pública tiene competencia, pues la
institución sólo realiza registros sanitarios de medicamentos,
pesticidas y alimentos. Según la periodista Claudia Urquieta, el
control de estas sustancias se haría desde el Banco de Pruebas
de Chile, dependiente del Instituto de Investigaciones y Control
del Ejército, brazo técnico que “controla, modifica y prueba
elementos, como armas y los disuasivos en cuestión”. Para el
doctor Tchernitchin es ilógico que “nadie responda qué
sustancias químicas se utilizan en los carros lanza agua y quién
regula su concentración. Desde el punto de vista de la salud
pública, es una vulneración de las leyes que protegen a los
ciudadanos; además, nadie garantiza los niveles de
neurotoxicidad de estos químicos”, agrega.
Abortos y cáncer
En 1981 Estados Unidos reanudó oficialmente la producción de
armas de gases tóxicos “suspendida” en 1969. Los gases más
comunes son los usados contra manifestantes: lacrimógenos,
bombas de humo, vomitivos y el gas pimienta. Ex presos políticos
de la ex Penitenciaría y la Cárcel de Alta Seguridad
denunciaron, en varias ocasiones, haber sido rociados con gases
durante motines y traslados. Algunos aerosoles de pimienta de
“triple acción” contienen gas lacrimógeno. Se han documentado
casos de mujeres que, expuestas a los gases durante la
menstruación o el embarazo, sufrieron abortos e interrupciones
del período menstrual. La exposición podría ser más severa en
casos de acné o eczema. Mujeres en periodo de lactancia pueden
traspasar toxinas a sus bebés. Pueden inducir episodios de asma.
Han causado la muerte de personas. El sistema respiratorio puede
colapsar. Existe riesgo de paro cardíaco. Ser golpeado de lleno
por una bomba puede ocasionar lesiones muy graves: quemaduras,
hemorragia interna del cerebro y en la caja toráxica, etc.
“Existen gases como el ortoclorobenzilidenmalononitrilo,
conocido como CS, que pueden liberar ácido cianhídrico, que es
muy venenoso. Son los gases más fuertes; producen dolores de
cabeza, náuseas, sangramiento de narices, diarreas, y puede
provocar edema pulmonar; también se ha documentado que provoca
una reacción emocional muy intensa… y se ha descrito que son
abortivos. ¿Por qué algunos sectores políticos se preocupan
tanto por el contraceptivo de emergencia -la píldora del día
después- y, sin embargo, nadie alega nada contra los gases
lacrimógenos, que son comprobadamente abortivos?”, dice el doctor Tchernitchin. El ortoclorobenzilidenmalononitrilo, si se
inflama, desprende ácido cianhídrico o cianuro de hidrógeno, un
producto incoloro, altamente venenoso. Hay investigaciones que
señalan que una concentración de 300 partes por millón es capaz
de matar a un ser humano en minutos. “Según las autoridades la
cantidad de este componente utilizado en las bombas es mucho más
baja. Pero su constante inhalación provoca daños a la salud”,
agrega Tchernitchin. Pruebas toxicológicas con animales muertos
después de exposición a CS demuestran presencia de células
caliciformes en las vías respiratorias y conjuntiva -membrana
mucosa de los ojos-, necrosis -muerte celular- en las vías
respiratorias y gastrointestinales, edema pulmonar y hemorragia
en las glándulas suprarrenales.
“Otra de las sustancias es la cloroacetofenona (CN), que provoca
más o menos los mismos efectos un poco más atenuados. Y existe
un tercer químico, la oleorresina de capsicum (OC) que contiene
capsiceína, que es el principio activo en el ají y los
pimientos. Se absorbe con la sustancia P, que produce una serie
de manifestaciones que a la larga van desensibilizando el
organismo al dolor. Si afecta al aparato respiratorio y la
lengua se pierde el gusto, el olfato”.
Los gases CN irritan los ojos, la piel -la exposición reiterada
produce dermatitis-, y el tracto respiratorio. Su inhalación
puede generar edema pulmonar. No hay estudios sobre los efectos
del gas lacrimógeno en combinación con la contaminación
ambiental. La ciudadanía tiene derecho a saber qué sustancias
químicas emplea Carabineros. Se sabe que están mezcladas con
solventes y se lanzan mediante propelentes. Hay solventes que
según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados
Unidos causan cáncer y mutaciones genéticas. Uno de los
solventes tóxicos es el cloruro de metileno, que puede causar
confusión mental, dolor de cabeza, hormigueo de las
extremidades, arritmia, alucinaciones visuales y auditivas,
trastornos del ciclo menstrual, aborto espontáneo y una variedad
de efectos en pulmones y sistema digestivo.
“Las células que desgranulaban por efecto de los gases y tienen
que ver con la reproducción y con estrógenos, migran al útero.
Me parece concordante entonces que los gases afecten el aparato
reproductor y podrían ser causantes de abortos… Desde el punto
de vista de la salud pública, no debieran emplearse gases
lacrimógenos. Los más afectados son los niños de hasta 14 años y
los mayores de 60 años. Los gases les pueden provocar una
enfermedad grave. No se ha estudiado pero es altamente probable
que deje secuelas en los fetos… Y si es así, como sucede con
otras sustancias químicas, puede ser causante de cambios
conductuales o de enfermedades orgánicas”, advierte
Tchernitchin.
“Como son consideradas ‘armas’, las Fuerzas Armadas y de Orden
regulan su ingreso y uso… y como no me parece que sean expertos
en salud, no piensan estos aspectos. En muchos países se ha
reclamado contra el uso de estos gases porque justamente
provocan daños a la salud. Acá ni siquiera hay antecedentes de
cuáles son los químicos que se emplean en los chorros de agua
que lanzan contra manifestantes”, agrega.
Según el doctor Tchernitchin, “el Ministerio de Salud o el
Instituto de Salud Pública debieran ser quienes autoricen los
componentes del gas lacrimógeno, pero hasta donde tengo
conocimiento, no han sido consultados. ¿Dónde están los estudios
de toxicidad crónica y de efectos diferidos para autorizar
compuestos que no sólo afectan a los manifestantes? Muchos
efectos neuroconductuales y secuelas aún no han sido
investigados. Estos químicos matan lentamente. Sus compuestos
son venenosos, inclusive la oleorresina que produce una reacción
emocional muy fuerte. Una personalidad limítrofe o con problemas
sicológicos, puede verse en extremo sensibilizada por este
compuesto, provocando una reacción agresiva”.
(*) Publicado Punto Final y
Azkintuwe.
Fatalidades
En 1928 el CS fue desarrollado por los químicos norteamericanos
Ben Corson y Roger Stoughton. Produce lagrimeo, irritación de la
piel y de las vías respiratorias, estornudos; se adhiere a la
ropa, causa dermatitis y reacciones alérgicas graves. “Es un
agente alquilante que se adhiere a los átomos de oxígeno,
nitrógeno y azufre en la proteína ADN y ARN, causando cáncer”,
señalaron en 1972 los investigadores J.B. Neilands y Gordon H.
Orians en Harvest of death. Ha sido el agente más usado por los
gobiernos. En 1956 el laboratorio británico CBW, de Porton Down,
desarrolló el CS para controlar disturbios civiles. Se usó por
primera vez en gran escala por las fuerzas de ocupación
británicas contra las protestas civiles en Chipre. En 1960, fue
adoptado oficialmente por el ejército de Estados Unidos.
El CN fue descubierto por investigadores alemanes alrededor de
1870 y se preparó por primera vez en 1877. Francia lo usó a
fines de la década de 1920 contra los disturbios civiles en sus
colonias. Fue adoptado en todo el mundo para uso por entidades
policiales alrededor de 1930. En 1923, el gobierno de Estados
Unidos financió el desarrollo de agentes químicos en el Arsenal
Edgewood. Produce lagrimeo, sensación de ardor en la piel,
fotofobia -sensibilidad a la luz- y ha causado quemaduras
documentadas de segundo grado y dermatitis vesicular aguda. Es
un co-carcinógeno. Provoca dermatitis, prurito, eritema, edema,
vesiculación y, en los casos peores, púrpura y necrosis. Cuanto
mayor sea la humedad, tanto más graves serán las lesiones. En
forma de aerosol, o a dosis mayores, puede causar más daño a los
ojos y la piel que el CS. Necrosis y daños han sido documentados
por la American Journal of Ophthalmology. Muertes asociadas con
la inhalación de CN revelan signos de jadeos, ronquidos -un
sonido raspante profundo en los tubos bronquiales-, disnea
-respiración dificultosa o laboriosa-, dolores en el pecho y
falta de aliento. Las lesiones patológicas se registraron como
edema, congestión, hemorragia de los pulmones, formación de
pseudomembrana -tejido adiposo- y neumonía.
La oleorresina de capsicum (OC) puede de causar lágrimas, dolor
e incluso ceguera temporal. Sus efectos a largo plazo no han
sido investigados. Eldesmethyldihydrocapsaicin, un análogo
sintético, es utilizado como “spray de pimienta”. Según la
Revista de Oftalmología Investigativa y Ciencias Visuales la
simple exposición del ojo al OC es inocua, pero la exposición
repetida puede provocar cambios a largo plazo en la sensibilidad
de la córnea. La Comisión de Opciones Tecnológicas y Científicas
del Parlamento Europeo publicó en 1998 que “los efectos del
aerosol de pimienta son bastante más severos, incluyendo ceguera
temporal con duraciones de 15-30 minutos, una sensación ardiente
de la piel que dura de 45 a 60 minutos, espasmos de la parte
superior del cuerpo que fuerzan a la persona a doblarse hacia
delante y provoca una tos incontrolable dificultando la
respiración y el habla de 3 a 15 minutos”. Personas con
enfermedades respiratorias o que estén tomando ciertos
medicamentos pueden morir. Se han reportado muertes por el uso
policial del aerosol. El ejército de Estados Unidos concluyó en
un estudio del Aberdeen Proving Ground (1993) que podía producir
“efectos mutagénicos, carcinogénicos, de sensibilidad,
cardiovasculares y toxicidad pulmonar, neurotoxicidad, así como
otras posibles fatalidades humanas”; sin embargo, su uso fue
aprobado por el FBI.
(*)
aperezguerra@yahoo.es
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