Funciona en Chile y la financia EEUU
Escuela de represión urbana (II)
por Arnaldo Pérez Guerra
Pocos
días después de inaugurar el Centro Conjunto para
Operaciones de Paz en Chile (Cecopac), el embajador
estadounidense Alejandro Wolff visitó Temuco
interiorizándose del conflicto chileno-mapuche. Wolff fue
designado embajador en Chile por el presidente Barack Obama.
Es un diplomático de carrera. Ingresó al Departamento de
Estado de los EEUU en 1979 y se ha desempeñado en el equipo
de planificación política; en las oficinas de Asuntos de la
URSS y del Subsecretario para Asuntos Políticos; también fue
secretario ejecutivo adjunto del Departamento de Estado y
asistente ejecutivo de los secretarios de Estado Madeleine
Albright y Colin Powell. Además de desempeñarse como
representante alterno ante la ONU.
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A fines de marzo, se desarrolló en la Hostería Militar de Pichidangui, el Primer Consejo Militar - 2012, presidido por el comandante en jefe, general Juan Miguel Fuente-Alba. Allí se planifican las actividades de acuerdo a las directrices definidas por el Alto Mando. Durante el Seminario de Actualización del Alto Mando, el general Fuente-Alba explicó que el Primer Consejo Militar “debía partir con un análisis ‘relacionado con los eventuales roles que podrían asumir las Fuerzas Armadas chilenas y el Ejército en particular, dados los complejos y actuales escenarios que se generan en el ámbito de la seguridad, al momento de preservar los valores, intereses y bienes que la propia sociedad busca cautelar. El empleo de la Fuerza Terrestre y su proyección a futuro ha sido y es una preocupación permanente del Alto Mando, más aún cuando hoy la cartera responsable de Defensa está concluyendo la elaboración de la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa. Sabemos que la esencia de nuestra tarea es y debe seguir siendo la defensa de la integridad territorial. No obstante, podrían surgir nuevas responsabilidades que deberían estar claramente identificadas, comprendidas e implementadas por el Ejército”.
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En
Argentina, se informó de la instalación de otro centro de
entrenamiento para emergencias, también a cargo del Comando
Sur, en la provincia del Chaco. “Solamente resta equipar con
tecnología informática y amoblar el lugar para luego
culminar con una capacitación del personal”, dijo el
comandante estadunidense Edwin Passmore, del Comando Sur, a
La Jornada de México. El gobernador del Chaco, Jorge
Capitanich, afirmó que “no se trata de una base militar” y
que “es sólo una donación del Comando Sur”. Según Walter
Goobar, “la instalación subrepticia de una base militar con
un fin inicial distinto al declarado, más que una excepción
constituye la base del manual de procedimientos
estadounidenses; tal es el caso de las bases de Comalapa,
Aruba y Curazao, por ejemplo, que se clasificaban como FOL,
es decir para lucha antidrogas, y luego fueron redefinidas
como CSL (de Cooperación)”. La excusa de la ayuda
humanitaria y la asistencia en el manejo de emergencias no
serían más que nuevas formas de profundizar y asegurar el
posicionamiento estratégico de los militares yankee en toda
Latinoamérica.
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En 2008, el gobierno de EE.UU. reactivó la IV Flota de la Armada, ahora bajo control directo del Comando Sur. La IV Flota había entrado en receso tras el fin de la segunda guerra mundial, al no existir amenazas militares para Estados Unidos en la región. Su reactivación obedece solo al interés norteamericano por amedrentar a países específicos: Cuba y Venezuela. Con el presidente Barck Obama -premio Nobel de la Paz-, el Comando Sur del ejército estadounidense ha profundizado su injerencia y control en el subcontinente. En octubre de 2009, Colombia y Estados Unidos anunciaron la firma de un acuerdo que permitía a los militares de Estados Unidos instalar al menos siete bases militares en suelo colombiano, además de desplegar 1.400 estadounidenses -800 militares y 600 contratistas civiles-. Aunque se pretenda que solo se trata de luchar contra el terrorismo y el narcotráfico, claramente es un posicionamiento estratégico frente a Cuba, Venezuela y Ecuador. Poco más de un año después, en diciembre de 2010, Costa Rica autorizó el despliegue de 46 buques estadounidenses de la Guardia Costera, 42 helicópteros armados, y hasta 4.000 marinos “para combatir el tráfico de drogas”. El despliegue militar estadounidense no solo se preocupó del “narcotráfico”, sirvió para apoyar la ofensiva de golpes de Estado. El 2008, Bolivia vivió una mediática y manipulada “insurrección cívico-departamental”. El 2010 fue el turno de la “rebelión policial” en Ecuador, que casi cuesta la vida al presidente Correa. Ambos intentos de golpe terminaron en un completo fracaso para los intereses estadounidenses. Su única victoria fue en 2009, en Honduras, con el derrocamiento del presidente constitucional Manuel Zelaya. En dicho golpe de Estado participó directamente, lo que ha sido reconocido por los militares norteamericanos, el Comando.
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La cifra de bases militares en América es incierta, pero se habla de unas veintidós. “Hay otras que están en construcción y algunas en forma clandestina. Todas estas bases militares están bajo la administración del Comando Sur de Estados Unidos. De su ordenamiento podemos pensar que lo están en base a supuestas amenazas, ya que la mayoría de estas bases militares se encuentran en Centroamérica y el Caribe; en Colombia, en Curazao y Aruba, lo que deja ver a las claras que tales amenazas provendrían de Cuba, Nicaragua y Venezuela”, dice Braulio Martínez, abogado y coronel en retiro de la Aviación Militar Bolivariana. “A este poderío hay que sumarle la IV Flota imperial, conformada por un portaaviones nuclear, muchos buques de superficie y submarinos atómicos, creada para mantener el dominio y control sobre América Latina y el Caribe. En Costa Rica se encuentra operando una fuerza de tarea naval de Estados Unidos, que fuera denunciada por este servidor. Esta fuerza de tarea está compuesta por 46 buques de guerra, 200 helicópteros artillados, seis aviones de combate Harrier, un portaviones y 13.000 marines. Esto no es cuento, el convenio para que opere esta fuerza de tarea desde Costa Rica fue autorizado por su gobierno y ratificado por su Congreso, para operar por seis meses prorrogables por tiempo indefinido”, dice Braulio Martínez. “Denuncié -agrega- la creación de una base aérea del imperio en el Aeropuerto de Resistencia, en la Provincia del Chaco, Argentina, aprobada, en primera instancia por su gobernador, y de la cual se guarda el más estricto silencio. También se maneja la noticia de que Estados Unidos está negociando la construcción de una base aérea en Tierra del Fuego. Igualmente existe la denuncia de que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos poseen oficinas en todas les sedes de los comandos de Fuerza de Argentina, tanto Aéreas, Navales y del Ejército, donde operan libremente agentes militares y de la CIA”, agrega.
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La
IV Flota comenzó a operar el 1° de julio de 2008 desde la
base de Mayport, en el estado de Florida, donde hoy actúa el
Comando Sur. La V Flota está emplazada en el golfo Pérsico y
la VI Flota en el océano Mediterráneo. Según el comunicado
oficial del Pentágono, la reactivación de la IV Flota
“servirá para demostrar el compromiso de Estados Unidos con
sus socios regionales”, entre los que se destaca Colombia en
su lucha contra el narcotráfico y las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de
Liberación Nacional (ELN), organizaciones que Estados Unidos
califica de terroristas. La IV Flota y la Escuela de las
Américas -hoy Instituto del Hemisferio Occidental para
Cooperación y Seguridad (Whinsec) son dos brazos de un mismo
engendro, el control total del imperio estadounidense sobre
las llamadas “zonas de influencia” -intervenir en los países
de la región a su antojo y entrenar a los militares
latinoamericanos en la doctrina de Seguridad Nacional, donde
el enemigo somos todos nosotros-. Chile envió más de 3.800
efectivos a la Escuela de las Américas antes que cambiara de
nombre. Uno de los cables de la embajada estadounidense en
Chile filtrados por WikiLeaks, señala que José Goñi,
ministro de Defensa de Michelle Bachelet visitó el Whinsec.
Su intención tras la visita fue mejorar la imagen de la ex
Escuela de las Américas institución entre congresistas y ONG
chilenas. El entrenamiento de soldados para el control de la
población civil en situaciones de emergencia o integrar
misiones de paz, pareciera ser el exitoso lavado de imagen
de los militares de Estados Unidos.
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Pocos recuerdan que el Fuerte Aguayo de Concón, en la Región de Valparaíso, donde la embajada de Estados Unidos inauguró la base para Operaciones Militares en Territorios Urbanos (MOUT), un supuesto centro de entrenamiento para personal encargado de ejecutar operaciones de “mantención de la paz” o “estabilidad civil en zonas urbanas”, construido con dinero “donado” por el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, fue usado en 2003 por suboficiales chilenos y norteamericanos para reclutar postulantes para que trabajaran en la empresa yankee Blackwater, en destacamentos de seguridad privada -como mercenarios-, en la guerra de ocupación de Irak.
(*) Historiador y
Periodista.

